Vivir la Pasión a ciegas

Imagen de Nuestra Señora de la Paz

30/Marzo/2015

CULTURA

En un mundo en el que la gran mayoría de la información llega por vía visual, hay quien se pregunta cómo viven las personas ciegas la Semana Santa o episodios muy concretos, como la Pasión de Cristo. La respuesta es fácil: con todos sus sentidos, como el resto de la ciudadanía.

Muchas personas ciegas se cuentan entre quienes viven estos días con fervor una costumbre con larga tradición. Un ejemplo es la Cofradía del Santísimo Cristo de Ánimas de Ciegos de Málaga, de la que la ONCE es Hermano Mayor Honorario desde el año 1939. Cuenta la historia que las personas ciegas fueron las que impulsaron y mantuvieron esta cofradía siglos atrás. De hecho, en esta procesión, como en muchas otras, un gran número de personas ciegas viven la Semana Santa en el redoblar de los tambores que acompañan a la imagen; en el estruendo de las tradicionales carracas que rompen el silencio; en el recogimiento y los silencios ante el trono que lleva el paso; o en el sonido de las trompetas de las bandas de música.

Y están atentos a los capataces que, con su voz y el llamador (...'pom'...) dan las órdenes a los costaleros para que levanten la imagen al cielo, al que las personas ciegas dirigen su mirada aun sabiendo que no podrán ver a ese Cristo o a esa Virgen, pero pueden sentirlos y vivir su emoción junto a los demás, guiados por suspiros, gritos o por las descripciones de quienes les acompañan.

La saeta es otra de las guías de quienes no pueden ver. Cuando el canto por excelencia de la Semana Santa llena de emoción y devoción a quienes procesionan, las personas ciegas saben que están en uno de los momentos de más fervor. Pero es que además, el aroma de las flores que adornan los pasos (lirios, claveles, iris, o rosas), que se mezcla con el olor a incienso y a cera de los cirios, puede indicar a los más abezados si el paso que tienen a su lado es un Cristo o una Virgen Dolorosa.

Poder tocar las imágenes de Cristos y Vírgenes es otra de las formas en que los ciegos sienten la Semana Santa. Por ejemplo, la sevillana Hermandad de la Vera Cruz invita a estas personas a conocer a su Cristo mediante el tacto. Recorrer con la punta de los dedos –a veces temblorosos- los clavos, las llagas, las heridas abiertas, la barba del Crucificado, sus ojos, su gesto de dolor... no pasa inadvertido para las manos de estos fieles. Es otra forma de vivir la Pasión: muy de cerca, pudiendo, incluso, susurrar al Cristo alguna petición, o agradeciéndole un favor concedido.

Y también hay personas ciegas que disfrutan de la Semana Santa procesionando como nazarenos, en las bandas de música o de una manera aún más sufrida, como costaleros o anderos. Y hay muchos repartidos por toda la geografía; desde Andalucía a Galicia y desde Extremadura a Cataluña, pasando por las más austeras procesiones de las dos castillas, con ejemplos en Cuenca o Zamora. Su ceguera o deficiencia visual no les impide cargar con los muchos kilos de un trono, porque cuando están en las trabajaderas (travesaños situados en la parte inferior de los pasos), todos son ciegos, ya que se encuentran en total oscuridad. Rodeados de sus compañeros videntes con los que no hay diferencias.

Sobre los pasos de Semana Santa van las imágenes que las personas ciegas no pueden ver, pero sí sentir porque hay otra forma de vivir esta tradición: mirando desde el interior, quizá la mejor forma de ver.

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