Los mejores técnicos de rehabilitación del mundo cumplen 30 años

Un afiliado de la ONCE en la sesión de rehabilitación visual junto a su rehabilitador

03/Julio/2015

SERVICIOS SOCIALES

Cada año, más de 3.000 personas pierden la vista en España y reciben de la ONCE la formación y rehabilitación suficientes para recuperar su autonomía y hábitos de vida. El servicio de rehabilitación de la ONCE tiene precisamente ese objetivo: dotar a las personas ciegas o con discapacidad visual grave de todo tipo de técnicas, estrategias y recursos que les permitan realizar las actividades cotidianas, participando de forma activa de cualquier entorno (educativo, laboral, cultural, de ocio...) para conseguir su inclusión social.

Se cumplen 30 años de este servicio y algunos técnicos de rehabilitación, que acumulan también estos 30 años de gran trabajo, nos resumen su experiencia. ¡Gracias María Jesús, Juan José, Nieves y Susana por vuestra gran labor!

Inicié mi trabajo como Técnico en Rehabilitación a principios del año 1985. Son 30 años en los que, desde el primer momento, he dedicado mi vida a algo esencialmente bueno: la ayuda profesional a quien lo necesita porque parte de una situación difícil y de desventaja.

He dedicado muchas horas al estudio; he aprendido de las personas con las que he trabajado; he procurado mejorar como persona y como profesional ofreciendo comprensión, proximidad y conocimiento a quien ha necesitado mi ayuda y, hoy, en verano de 2015 y tras casi 30 años aquí en la ONCE, puedo decir que sigo considerándome afortunado y agradecido a la vida por haber puesto en mi camino un trabajo tan reconfortante, tan humano y tan comprometido con el bienestar de las personas, como el que tengo.

Espero jubilarme más allá de los 65, cada día disfruto más de esto, con todos los jaleos, embrollos y follones que, a veces, el mundo laboral depara.  Sé que alguno pensará que no tengo otras cosas más que esto, no es cierto, son muchas las que llenan mi vida, pero mi trabajo, por  fortuna, también lo hace. Todos los días me levanto tan contento (incluso los lunes).”

 “¡Qué se puede contar después de 30 años de trabajo en la Institución, han sido tantas experiencias, y tantos los cambios en el Servicio de Rehabilitación! La historia ya empieza en la formación en el antiguo Centro de CastelArnau donde tuve mi primer contacto con los compañeros que me han acompañado en el transcurso de estos 30 años,  con sus buenos momentos y algún que otro chascarrillo con el antifaz, mi primera ‘experiencia’ con el mundo de la ceguera, del cual todo desconocía.

Mis primeros alumnos, a los que recuerdo con mucho cariño y con los que aprendí sus necesidades.  Más tarde, como Centro Autonómo, compartimos con ellos y sus familias el paso a la autonomía y con los que aún conservo ya una amistad: 30 años que me han aportado trabajo, amigos y un crecimiento personal que me han hecho ser lo que soy en este momento”

 “¡Qué hermosos son los nacimientos, ya sean de personas, de ideas o de proyectos! Todo está limpio, por hacer, y la ilusión impregna cada paso y cada acción. Hace 30 años nació el Servicio de Rehabilitación y los que tuvimos la suerte de estar allí éramos jóvenes y entusiastas. Comenzamos no sólo con el convencimiento de estar poniendo en marcha algo que merecía realmente la pena, sino también con alegría, y lo vimos crecer y madurar, uniendo nuestras vidas a la suya.

Con el paso del tiempo, hemos tenido muchos alumnos, hemos hecho muchos amigos, hemos sentido que el cariño puesto en nuestra tarea ha sido devuelto con creces y que nuestro esfuerzo tiene un sentido y el mejor de los objetivos: devolver el control de sus vidas a quienes lo han perdido por culpa de la falta de visión. ¡Qué suerte formar parte de esto!”

 “30 años no es nada si volvemos la vista atrás y nos encontramos jóvenes, lozanos, llenos de alegría, con fuerza para asistir a un curso de Rehabilitación Visual que impartían profesores suecos, noruegos... en un caluroso mes de septiembre madrileño y allí perdidos en un local cerca de la castiza Glorieta de Cuatro Caminos. Todos éramos profesores de niños de la ONCE,  niños que algunos ya iniciaban lo que se llamaba “Educación Integrada” y muchos, la mayoría, tenían resto visual. Pensábamos que esos “señores suecos” nos iban a dar la oportunidad de que los entonces “nuestros niños” (hoy muchos “nuestros jefes”), pudiesen tener una vida más fácil a través de los “cachivaches” de baja visión, que nos enseñaron a utilizar y con las estrategias que aprendimos... pero no, eso no iba a ser lo único que aprenderíamos, nuestra sorpresa fue que eso serviría también para los no tan niños, serviría  para TODOS, sin límite de edad. Una suerte y una alegría.

Rehabilitar personas ciegas durante muchos años, estos 30, una suerte que me ha permitido conocer a muchas personas,  a sus familias...  participar de sus preocupaciones y sus alegrías, de vivir momentos de lágrimas y momentos de abrazos, de sentir que la VIDA la llevamos y hacemos las personas y eso es la REHABILITACIÓN, compartir la VIDA y disfrutar de ella con OTROS.”

 

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