Ser ciego en tierra hostil

María Jesús Varela está acuclillada con otra mujer y juega con un niño ciego de corta edad

01/Marzo/2016

Internacional

Hace casi 18 años, la ONCE creó una fundación para extender su ya amplia labor solidaria más allá de nuestras fronteras, a lugares lejanos en el espacio, pero próximos culturalmente. Así nace la FOAL, Fundación ONCE para la solidaridad con las personas ciegas de América Latina, una entidad conocida y querida en los 19 países en los que ha ido dejando huella con su apoyo constante a proyectos y programas que contribuyen a mejorar la calidad de vida de quienes tienen discapacidad visual (Conócenos).

Cuando ir a la escuela se convierte en una carrera de obstáculos que comienza por lograr el convencimiento de la familia de que la ceguera de un niño o niña no es un impedimento para su desarrollo; cuando debe darse la casualidad de que por algún medio esta familia conozca la existencia de instituciones que pueden ayudar a sus hijos en su evolución; cuando se reside en un país en el que sólo un 7% de las personas con discapacidad tiene estudios medios y el nivel de su desempleo alcanza el 95%; y cuando, según la ONU, el 80% de estas personas vive bajo el umbral de la pobreza, es fácil deducir que ser ciego en muchos países y salir adelante es una verdadera odisea. 

Recientemente, una delegación de FOAL hemos visitado Honduras y El Salvador, dos países que suman a una situación social compleja unos elevados niveles de violencia, que afectan a la población y, por supuesto, a las personas ciegas. Y esto significa que los recursos para atender sus necesidades específicas son escasos, los materiales para desarrollar sus estudios también, pero además, el entorno no contribuye a optimizar la eficacia de los esfuerzos realizados. Ser profesor de apoyo itinerante conlleva muchas horas de desplazamientos para llegar a cada escuela donde hay un niño ciego, tomar transportes públicos en condiciones poco adecuadas, recorrer duros trayectos e incluso enfrentarse demasiado a menudo a situaciones de riesgo.

Un ordenador portátil, herramienta que permitiría acceder a la información a las personas con discapacidad visual de forma normalizada y similar a como lo hacen los demás, y que resolvería buena parte de los problemas a los que se enfrentan a la hora de avanzar en su educación, no parece ser la mejor solución en muchos lugares. “No podemos cargar una ‘laptop’ por la calle porque podrían asaltarnos”, decía una estudiante ciega de la Universidad Nacional de Honduras. Sí, ¡de la universidad! Porque, afortunadamente, hay chicos y chicas que van superando todas esas barreras, y con gran esfuerzo e infinitas dosis de voluntad, llegan ahí, aunque son los menos...

También hemos compartido ratos con niños de muy corta edad con discapacidad visual y sus familias, mientras asistían a sesiones de estimulación temprana, y con otros que acudían a un colegio específico para ciegos, como paso previo a su próxima inclusión en la escuela convencional. Aprendían braille, las distintas materias, habilidades para la vida diaria y se movían como peces en el agua con sus bastones. “Mi bastón es español, como ustedes”, decía un chiquillo de 7 u 8 años, que conocía perfectamente el origen de su imprescindible herramienta de movilidad.    

Y es que una parte considerable de los materiales que utilizan en sus aulas y para su rehabilitación, los equipos con los que se imprimen los libros de texto y gráficos que necesitan, y la capacitación que los profesionales que los atienden han ido adquiriendo, son resultado de la solidaridad española, la que recoge cada día la ONCE de los ciudadanos, canalizada luego en proyectos conjuntos entre FOAL y los fondos de cooperación española, especialmente de Aecid.

Una máquina de escribir braille, la histórica Perkins, es un bien muy codiciado; las láminas para reproducir gráficos en relieve se utilizan sólo en caso de gran necesidad; se cuida que la impresora braille disponible funcione adecuadamente, porque se es consciente de su valor y de que se trata de recursos muy limitados. Pero con todo ello,  el esfuerzo merece la pena y está favoreciendo que muchos niños y niñas con discapacidad visual se conviertan en jóvenes con un nivel educativo que les permita ser adultos libres e independientes.

 

María Jesús Varela

Directora de FOAL

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