Puedo ser quien te cure ... Cómo fue el rodaje

Primer plano de José Luis García, estudiante de fisioterapia

22/Diciembre/2016

Educación y empleo

José Luis, uno de los protagonistas de la campaña ‘No seas mi límite’ de la ONCE y su Fundación, narra su experiencia frente a las cámaras.

Soy uno de los chicos del nuevo anuncio de la ONCE. Seguramente habrás visto mi cara en el cine, la prensa o la televisión, o habrás escuchado mi voz pidiéndote que "no seas mi límite". Ya había salido alguna vez en televisión, pero nunca en publicidad. Reconozco que me daba un poco de vergüenza, pero al final no ha sido para tanto.

Todo empezó con una llamada del director de la Escuela de Fisioterapia de la ONCE donde estudio para participar en un casting para el anuncio, y acepté. Siempre me empuja algo para meterme en este tipo de cosas, supongo que viene de mi época de estudiante de periodismo.

Llegó el día y me presenté al casting al salir de clase, con la mochila, gafas de sol, vaqueros, camiseta, algo despeinado y, cómo no, acompañado de mi perro guía Zeke.

La prueba consistía en tomar unas cuantas fotografías, y después hablar delante de la cámara. Salí convencido de que no me cogerían ni en broma. Mi sorpresa llegó cuando me llamaron, a los dos o tres días, para decirme que me habían seleccionado.

‘Madre mía – pensé - en menudo lío me he metido’. Me citaron en un edificio del ejército en la Gran Vía, con una enorme biblioteca. Según me contó José Manuel, un señor que ahí trabaja, esas estanterías conservan manuscritos de incalculable valor, y sus muros ya fueron testigos de otros rodajes para series y películas.

Poco a poco, la gente del equipo fue llegando. Empecé a darme cuenta de la magnitud del proyecto cuando comenzaron a montar todo el tinglado. ‘Menudo despliegue de medios sólo para grabarme a mí – pensé - esto va a ser algo grande’.

No tenía claro todavía qué era lo que tenía que hacer. Me había puesto lo primero que pillé en el armario, y llevaba el pelo un poco a lo loco, igual que todos los días. Tras hacerme unas pruebas de vestuario, decidieron que saliera con mi ropa, y con un polo que me colocaron encima de mi camiseta. No hubo más retoques, algo de maquillaje y el pelo tal cual.

Llegó la hora. La verdad es que no estaba nervioso, porque no tenía ni puñetera idea de lo que tenía que hacer. Me senté en la gran mesa de la biblioteca, y comenzó la grabación.

Al fin me enteré de la historia: tenía que hacer de estudiante que va a la biblioteca, rodeado de libros y cuadernos en braille, y haciendo como que tomaba apuntes. Me contaron que se trataba de reivindicar una igualdad de oportunidades para el empleo de las personas con discapacidad. Al menos, pensé, era por una buena causa.

Motor, cámara, sonido, y ¡acción! Y ahí estaba, ojeando libros, haciendo como que escribía y repitiendo una y otra vez las frases: "Estoy preparado para ser lo que quiero ser". "No seas mi límite".

Después, cambio de cámaras, cambio de plano y vuelta a empezar: "Estoy preparado para ser lo que quiero ser". "No seas mi límite".

No sé cuántas tomas se hicieron, pero fueron muchas. Cuando ya empiezas a cogerle el truco a la historia, resulta que has acabado.

Al final insistieron en invitarme a comer y en llevarme a mi casa en coche. No me pude negar, por supuesto. Todo un detalle por parte de la gente de la productora. Gente muy simpática y muy profesional.

El resto ya se sabe.

Me enteré de que estaban poniendo el anuncio por un amigo. La segunda en llamarme fue mi madre, solo para decirme que si no me daba vergüenza salir así en la tele, despeinado y con barba. ¡Cosas de madres!

Y esto es todo. En unos días se dejará de emitir el anuncio y la gente se olvidará de mí. Volveré al anonimato, a ser un estudiante más que se levanta todos los días para ir a clase, con la esperanza de acabar este año la carrera y empezar a trabajar.

Espero que todo esto sirva para algo y que no quede en una simple anécdota. Me gustaría pensar que algún empresario, tras ver el anuncio, borre de una vez por todas sus prejuicios y deje de discriminar a las personas con discapacidad, simplemente por ser eso,  por ser personas que tienen alguna “diferencia”.

Aunque yo nunca me he considerado diferente, sólo una persona normal que hace las cosas a su manera. Lo único que queremos es tener la oportunidad de enseñar al mundo lo que valemos, de demostrar que estamos preparados. Exigimos lo mismo que todo el mundo, una oportunidad como cualquiera. Después, estará en nuestras manos el demostrar que podemos hacer las cosas, y que sabemos hacerlas bien.

¡Feliz Navidad, porque estamos preparados, nuestra ilusión no tiene límites!

 

 

 

ONCE Feliz Navidad 2016

 

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