75 Años del colegio de la ONCE en Pontevedra

Una alumna con discapacidad visual trabaja con una pantalla de ordenador

09/Febrero/2018

EDUCACION

Orgullosos del pasado, comprometidos con el presente e ilusionados con el futuro

Quizá por la existencia en Santiago de Compostela de un colegio previo de ciegos y sordos, subvencionado por las diputaciones gallegas; quizá por las siempre difíciles comunicaciones entre Galicia y Madrid; quizá por la apuesta firme por este proyecto de la mano de sus decididos impulsores gallegos y de la dirección de la ONCE; quizá ... fueran esas las causas por las que el denominado “Colegio nº 2 de la ONCE” -más tarde “Colegio Santiago Apóstol de Pontevedra”- se convirtiera en la segunda gran apuesta educativa de la Organización, tras su centro de Madrid, y echara sus raíces en ese hermoso rincón de España que es la capital de las Rías Baixas, al sur de Galicia, muy próxima a la frontera con Portugal.

Orgullosos del pasado

Sus primitivas instalaciones, mejoradas de modo prudente, humilde y persistente, gracias al trabajo incansable de la gente de la ONCE; la indiscutible vocación y compromiso de su personal, siempre profesional, innovador y proactivo; o el cariño que sus alumnos y entornos le dedicaron, consolidaron al centro como uno de los grandes pilares educativos de la Organización y de Galicía. Se erigió como única alternativa educativa que ofrecía estudios de la antigua enseñanza primaria y general básica a los niños ciegos del norte de ‘esa otra España’ durante la segunda mitad del pasado siglo.

Fue en esta escuela de cultura general y artística, de deporte específico y autonomía personal, socialización y solidaridad, también de apego y profundo afecto a la ONCE, donde muchos estudiantes sementaron conocimientos y valores en sus vidas para el ulterior ejercicio de su plena ciudadanía.

Comprometidos con el presente

La década de los años 80 de la pasada centuria, siempre de la mano de una legislación reflejo de las demandas y conquistas sociales previas, trajo a España importantes avances comunitarios, y comenzamos a hablar decididamente de integración, también en el ámbito de la educación, y en favor de los estudiantes ciegos o con otra discapacidad. Ello posibilitó que un escolar con discapacidad visual pudiese estudiar como un joven más en la escuela de su barrio, caminar diariamente al colegio con sus hermanos y vecinos, y no tener que separarse de su familia para recibir educación académica.

Ello obligó a iniciar la necesaria metamorfosis del Colegio Santiago Apóstol, al igual que sus centros hermanos de Alicante, Barcelona Madrid y Sevilla, para transformarse en Centro de Recursos Educativos (CRE) y asumir un régimen de enseñanza basado en multiplicar apoyos y enfoques profesionales diversos, desplazamientos, adaptación de materiales y, especialmente, para promover el entendimiento con multitud de docentes que, con miedo por su inicial desconocimiento, recibían a jóvenes ciegos en sus aulas.

Ilusionados con el futuro

Mucho ha sido el trabajo realizado, en ocasiones sordo y persistente en el día a día, constante como es la talla en piedra del afanado escultor, en unas ocasiones invisible y en otras ocasiones multicolor; pero el camino se fue haciendo y, en la actualidad y para el futuro, ya no hablaremos de integración sino de inclusión. Inclusión educativa, social y laboral. Debemos ganar la plena accesibilidad y usabilidad en el campo de las nuevas tecnologías aplicadas a la educación; fomentar el dominio de idiomas; salir fuera de España a completar estudios y experiencias; consolidar el trabajo en red; poner en valor la riqueza que aporta la diversidad; y, todo ello, cuidando nuestra esencia de aprendizaje, utilizando cuando se requiera el gran aliado en la educación de las personas sin resto visual funcional, que no es otro que el código de lectoescritura Braille y toda la filosofía que lo acompaña y abriga.

Por todo ello, pretendemos que este 75 aniversario sea un homenaje a la sociedad que apoya a la ONCE, a los trabajadores que han entregado y siguen ofreciendo su esfuerzo y dedicación, a los estudiantes que tanto amor le guardan al recuerdo de su centro, a los escolares y a sus familias que hoy reciben sus servicios, a nuestro sentimiento y compromiso de aprendizaje y mejora continua para alcanzar resultados excelentes y, en especial, a la Organización, como proyecto mágico, que día a día renueva su vocación por la autonomía e inclusión social plena de sus afiliados, las personas ciegas.

¡Muy feliz 75 cumpleaños para el Proyecto educativo de la ONCE en Pontevedra!

 

José Ángel Abraldes

Director del CRE ONCE Pontevedra

ONCE Educación - Los colores de las flores

 

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