Kelly Arrontes: he tenido que llegar a no ver para pintar el mundo como yo lo veo

Kelly Arrontes pintando un mural

06/Julio/2018

CULTURA

Dibujo y pinto desde que me alcanza la memoria. Pero es ahora, tras un tiempo de obligado paréntesis, cuando he empezado a tener la sensación de que, al fin, mi obra funciona. Y funciona porque se me escapa.

Mis primeras obras a nivel profesional no eran sino imágenes reflejo de imágenes inventadas o puro ”Neogeo”, meras construcciones mentales, en definitiva. Y, paralelamente, copias exactas de modelos humanos mediante retratos casi hiperrealistas. Retratos donde me esforzaba por imaginar cómo eran las personas para representarlas tal y como las veían los demás, ya que yo nunca pude ver lo suficiente. Debido al desgaste que esto me suponía, y llegando al límite de rozar la esquizofrenia creativa, eliminé los retratos de mi catálogo de producción pasando a disfrutar con plenitud de la abstracción más absoluta.

Con el tiempo caí en la cuenta de la importancia del modelo dentro de mi obra hasta convertirlo en algo fundamental de la misma. Pero ahora no trato de pintar a la gente tal y como la ven los demás, sino tal y como yo la veo. O quizá sería más correcto decir tal y como yo NO la veo ya que, tras una serie de desafortunados accidentes, adquirí la condición de ceguera.

El efecto es lo que hace, ha hecho y hará del Arte una parte esencial del ser humano. Mi trabajo es el resultado de la búsqueda de ese efecto. Los cambios de textura y color son los que componen  el espacio e interaccionan con el modelo o directamente lo construyen, para que la imaginación participe y se inmiscuya más en la obra: ¿Qué es lo que representa? ¿A quién representa? Y ¿Cómo se representa? son preguntas ora implícitas ora explícitas que vibran junto al color. El efecto resultante no sólo es un desafío que me propongo como artista, sino que también lo traslado al espectador, ya que he tenido que llegar a no ver para atreverme a representar el mundo y las personas que se mueven en él tal y como yo los veo.

Cuando pintaba retratos al uso realizaba las obras de manera secuencial. Primero ordenaba y limpiaba el estudio hasta no dejar huella visible del último trabajo, me enfrentaba al lienzo en blanco y atacaba cada nueva pintura de manera diferente. A veces, como quien escribe una novela, surgía  el momento extraordinario en el que la propia obra decidía por sí misma el camino a seguir cuan personaje de una trama de ficción, pero siempre, sin excepción, era yo quien ponía el punto final y decía “hasta aquí, ésta se acabó”. Luego volvía a empezar todo el proceso haciendo de nuevo tabla rasa.

Ahora no tan sólo he cambiado de estilo, sino que también mi proceso de trabajo es diferente: Siempre emprendo varias obras a la vez. Empiezo trabajando los fondos sin saber bien quién irá con quién. En este punto puede decirse que aún mando yo pero, a medida que van tomando forma, cada retrato va ocupando su lugar y a partir de ahí… pierdo todo control.

En principio parece haber una especie de simbiosis entre mis pinceles y cada una de las obras, hasta que parecen tomar vida propia, se comunican entre ellas y una a una van pidiendo lo que necesitan, en ocasiones quitándoselo unas a otras, intercambiando colores, formas e incluso composición… Es entonces, cuan personajes de novela, cuando toman las riendas y yo paso a ser un mero espectador de sus caprichos y derroteros. Hasta el punto de ni siquiera soy yo quien decide cuándo un retrato está acabado. Son ellos quienes concluyen cuando no tienen nada más que decir, “aquí me apeo” mientras otros pueden seguir hablando y hablando sin cesar. Es un proceso curioso, en su mayoría divertido, pero, sobre todo, mágico, muy MÁGICO.

Kelly Arrontes. Pintora

Autora del mural de 125m del Parc Científic de Barcelona

El agua es vida, mural de 125 metros en el Parc Científic de Barcelona

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