Oler, saborear y tocar la ciencia de la sidra: mi experiencia con sordoceguera en Asturias

16 / Outubro / 2026
María Carmen García del Amo, afiliada a la ONCE con sordoceguera, durante el taller de Sidra
Un encuentro para descubrir aromas, sabores y el mundo de la investigación, pero también para reflexionar sobre la importancia de la accesibilidad y la comunicación

El pasado martes 6 de octubre tuve la oportunidad de participar en una jornada muy especial en las instalaciones del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (SERIDA), en Villaviciosa (Asturias). Una experiencia en la que varias personas con sordoceguera, como yo, pudimos acercarnos al mundo de la investigación de la sidra a través del olfato, el gusto y el tacto. La verdad es que disfruté mucho, aprendí cosas que desconocía y, sobre todo, me llevé el recuerdo de un encuentro lleno de buenos momentos.

Una de las cosas que más me gustó fue poder compartir la jornada con otras personas. Pero, si tuviera que destacar algo desde el principio, sería el trato que recibimos. Los profesionales del laboratorio fueron encantadores, siempre atentos, pacientes y dispuestos a explicarnos todo lo que necesitábamos. Esa cercanía y atención hizo que me sintiera muy cómoda, agradecida y con ganas de participar en cada actividad.

La primera gran sorpresa llegó con el taller de aromas. Siempre he pensado que tenía bastante buen olfato, porque suelo percibir enseguida los olores que hay a mi alrededor. Sin embargo, cuando llegó el momento de reconocerlos, ¡la cosa se complicó mucho más de lo que imaginaba! Podía distinguir algunas características, como si un olor era más ácido, pero identificar exactamente de qué se trataba resultó bastante difícil. Fue curioso descubrir que oler no significa reconocer y comprobar cómo nuestros sentidos pueden sorprendernos incluso cuando creemos conocerlos bien.

Con los sabores tuve bastante más suerte. Probamos tres mostos diferentes y me resultó mucho más sencillo apreciar las diferencias entre ellos. Esta fue una de las actividades que más disfruté, porque pude experimentar directamente con el gusto y, al mismo tiempo, descubrir muchas cosas sobre la sidra, su elaboración y las características que la hacen tan especial. Me gustó comprobar que también se aprende saboreando, de una manera práctica, entretenida y diferente.

La jornada continuó con una visita al mundo de la investigación. Pudimos conocer y tocar distintos utensilios y materiales que se utilizan en el laboratorio, mientras nos explicaban para qué servían y cómo se empleaban. Me pareció especialmente interesante poder acercarme a ese trabajo científico que muchas veces conocemos únicamente a través de la televisión. Tocar para comprender fue una forma estupenda de descubrir una realidad que hasta entonces me resultaba bastante desconocida.

Participantes con sordoceguera participantes del taller

Aunque disfruté mucho de la experiencia, también hubo momentos en los que me encontré con algunas dificultades. La parte dedicada a las explicaciones del laboratorio se me hizo algo más larga, no porque no me interesara, sino porque escuchar requiere mucho esfuerzo en determinadas circunstancias. Estábamos sentados alrededor de una mesa alargada y yo me encontraba en uno de los extremos, lo que dificultaba seguir con comodidad las intervenciones. Montse, una de las medidadoras comunicativas, me iba contando y resumiendo lo que explicaban los profesionales, algo que agradecí mucho. Pero yo también quería escuchar directamente a quienes estaban hablando, comprender sus explicaciones y no perderme ningún detalle. Para conseguirlo, terminé forzando bastante la postura y, al acabar, tenía un dolor de cuello considerable. Fue uno de esos momentos en los que las ganas de participar son enormes, pero el esfuerzo físico acaba pasando factura.

Esta situación me hizo reflexionar sobre algo que me ocurre también en otras ocasiones. Cuando seguir una conversación o escuchar una explicación exige demasiada concentración, llega un momento en el que aparece el cansancio y resulta muy difícil mantener la atención. Si además hay ruido alrededor, todo se complica todavía más. Y quiero insistir en algo: no es falta de interés. Muchas veces sucede precisamente lo contrario, que tenemos tantas ganas de enterarnos de todo que hacemos un esfuerzo enorme para conseguirlo. Por eso creo que merece la pena prestar atención a esos pequeños detalles que pueden marcar una gran diferencia. Quizá una mesa redonda, en la que pudiéramos estar más cerca de las personas que intervienen y escuchar mejor sus explicaciones, habría hecho esa parte de la jornada mucho más cómoda para mí. A veces, la accesibilidad está en los detalles, en pensar cómo se organiza un espacio, cómo se transmite la información o qué necesita cada persona para poder participar plenamente.

Y es que vivir con sordoceguera también significa encontrarse con situaciones en las que la comunicación puede convertirse en un reto. No todas las personas tenemos las mismas necesidades ni nos comunicamos de la misma manera. Por eso, además de ofrecer actividades adaptadas, considero fundamental escuchar a quienes participamos en ellas. La inclusión también consiste en escuchar, en aprender de nuestras experiencias y en seguir mejorando para que todos podamos disfrutar en igualdad de condiciones.

Afortunadamente, de esta jornada me llevo muchísimas más satisfacciones que dificultades. Me encantó poner a prueba mi olfato, descubrir nuevos sabores, conocer un poco mejor la investigación sobre la sidra y compartir la experiencia con otras personas. Pero, especialmente, me quedo con el cariño y la paciencia de quienes nos acompañaron y dedicaron su tiempo a enseñarnos tantas cosas.

Experiencias como esta demuestran lo importante que es abrir las puertas del conocimiento, la cultura y la ciencia a las personas con discapacidad. Nos permiten descubrir nuevas realidades, relacionarnos, aprender y disfrutar. Y también nos ayudan a identificar qué podemos mejorar para que cada nueva oportunidad sea todavía más accesible.

Me gustaría terminar dando las gracias a todas las personas que hicieron posible este encuentro, tanto por las actividades que prepararon como por la atención que nos dedicaron. Me fui contenta, agradecida y con la satisfacción de haber vivido algo diferente. Porque, al final, más allá de los aromas que no conseguí reconocer o de los sabores que pude distinguir, lo que verdaderamente permanece es la ilusión de seguir descubriendo y la oportunidad de compartir experiencias que merecen la pena.
 

María Carmen García del Amo

Afiliada a la ONCE con sordoceguera en Asturias. Participante en la jornada sensorial sobre la sidra en el SERIDA de Villaviciosa. 

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