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Con carné para conducir perro guía

Y sí, Luke es un regalado. Un perro precioso, por un lado; y un perro con un comportamiento social envidiable, por otro. Pero Luke también es un guía excepcional. De ahí lo que comentaba al principio, que parece que, de repente, me he sacado el carné de conducir.
 
La marcha con perro guía es totalmente distinta a ir con bastón. Pasas de vivir en una continua carrera de obstáculos a vivir en un continuo eslalon, con un perro capaz de esquivar todo lo que nos encontramos en las calles justo a tiempo. Un guía que impresiona a propios y extraños, conocidos y desconocidos, pero que, sobre todo, no deja de impresionar al usuario, quien día a día ve cómo las correcciones y enseñanzas van teniendo efecto y evitanto algunos vicios perrunos.
 
Durante estos meses nos hemos ido de viaje, a cubrir eventos por trabajo o a actos de todo tipo. En todos ellos, Luke ha tenido un comportamiento, tanto social como de trabajo, del que solo se pueden decir maravillas. Además, está consiguiendo que yo vaya aún más rápido -si es que era posible-, a la vez que me agiliza cuestiones que antes con el bastón eran más complicadas, como encontrar puertas de acceso a comercios, deambular por lugares muy frecuentados pero muy similares, encontrar papeleras, cruces o escaleras en lugares desconocidos.
 
Por supuesto, tener perro guía tiene cosas que, si bien no son malas, te recuerdan que tu perro es un animal y que, como tal, tiene necesidades de animal. ¿Humanizan al perro, podríamos decir? Bueno, el perro te recuerda que es animal cuando intenta comer cualquier cosa en la calle (alguno de sus vicios) y luego está malo del estómago; cuando tienes que ir al veterinario o a comprarle comida; y también cuando tienes que levantarte muy temprano para sacarle o darle de comer. Al final, es un compañero de vida tanto para lo bueno como para lo malo.
 
Un profesor que tuve en la universidad decía que todo español es, por definición, buen seleccionador de fútbol y excelente periodista. Añado yo que todo español debe considerarse a sí mismo un entrenador de perro guía sublime. Y claro, evidentemente no es así. Seguro que sabe menos que el usuario del perro que, además, ha recibido una formación con el animal y tiene un seguimiento relativamente continuo. Con esto me refiero a toda esa gente que, un día malo que tiene el perro, y al principio son cuatro de cada siete -más o menos-, decide explicarte “que tu perro es muy vago” o que, a su juicio, “tu perro está mal entrenado”.  Y sí, por supuesto que el principio es complicado. Por supuesto que, al principio, hay cosas del perro que no entiendes, que te agobian. Pero la marcha con el perro en los días malos es un compendio de errores de ambos. 
 
Al final de estos seis meses quedan las cosas buenas. Y son muchas. Al final queda toda esa gente buena que te trae un cuenco con agua en un restaurante; que te pregunta sobre el proceso de guía y entrenamiento de los perros guía; o te pide permiso para tocarle (y a la que agradecemos muy poco); y conviene olvidar e ignorar a todos aquellos que te llaman maltratador o que se erigen como agentes urbanos del Seprona, pugnando por resolver todas las injusticias sociales desde su smartphone con cámara y con una cuenta de Twitter convenientemente engrasada.
 
Gracias por permitirme mostrar aquí mi realidad con Luke, por financiar desde la ONCE su educación y por haber considerado que era alguien digno de tener un perro guía. Y gracias, claro, a Luke, mi “negrota”. Porque estos seis meses serán el inicio de años y años juntos, recorriendo calles y rincones diversos.
 
¡Feliz día del perro guía a todos esos compañeros peludos, empezando por el mío!
 
Salvador Doménech Miguel
 

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