Estrenar a ciegas

11 / Iraila / 2026
Dos actores del Grupo de Teatro e la ONCE Muxicas durante la actuación
Nervios y emoción pero, sube el telón y todo ha merecido la pena

El estreno de “Sueño de una noche de verano” ha sido, quizá, el más satisfactorio de los tres que he vivido con Muxicas. Y no solo porque han sido dos funciones en la Casa da Cultura de Barbadás, donde hemos tenido doble aforo completo, que eso ya mola mucho, sino porque este año ha sido un poco complicado llegar hasta aquí. Hemos tenido que remar todos a favor de la obra, como el buen equipo que somos, porque ha habido varias bajas médicas, trenes que nunca llegaban a su hora, temporales eternos y hasta algún que otro `motivo ajeno a nuestra voluntad´, además, teníamos una gran cita en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, donde llevaríamos también esta obra. Pero después de todo, creo que para la próxima obra le propondremos a la directora que se base en nuestros dramas de antes de cada estreno.

Nuestras últimas semanas han sido de ensayo intensivo. Hemos echado muchas horas en la agencia, perfeccionando escenas que parecían imposibles, pero, sinceramente, para nosotros nada lo es. De hecho, en esta obra hay ciegos que son guardaespaldas, un asno que enamora a una reina y hasta un muro que habla.

Evina sobre el escenario con otro actor durante la obra Los dos días previos al estreno nos los pasamos, literalmente, en el auditorio: probando luces y sonido, familiarizándonos con el escenario, las entradas y salidas, el vestuario, el maquillaje y los sitios de nuestro atrezo en bambalinas. Repasa esto, repasa aquello, prueba, reprueba y vuelve a probar. Y es que, detrás de esa hora y media de espectáculo que se ve, hay muchísimo trabajo.

Y, la verdad, también mucha paciencia. Sobre todo, mucha paciencia, porque no somos fáciles. Ninguna estrella que se precie lo es, y las de Muxicas no íbamos a ser menos.

Aunque, minutos antes de empezar, te vuelves pequeñita. No confías ni en ti misma, te entran ganas de vomitar, la mente se queda en blanco y parece que te has olvidado el texto (yo no recuerdo ni la primera palabra con la que salgo a escena). La respiración se acelera, necesitas moverte de un lado a otro y caminas, saltas, te agachas, mueves los brazos, te golpeas las piernas para despertarlas. Sudas, pero tienes frío; sientes ganas de hacer pis, pero lo has hecho hace dos minutos; tienes hambre, pero el estómago revuelto. Lo sientes todo a la vez.

Pero, ay, cuando se apagan las luces y se encienden los focos, te conviertes en personaje y sucede la magia. Todo fluye. Ya nada duele, ya nada sientes; solo te dejas llevar por él.

Actores de Muxicas durante la representación de la obra con Evina en el escenario Y cuando la obra terminó y vi que lo habíamos conseguido, estaba tan feliz, tan satisfecha, tan emocionada y taaaan cansada... Porque la adrenalina baja, el calor vuelve y el hambre también (¡qué hambre tengo siempre al acabar la función!). Pero es que esa sensación de bienestar que dan los aplausos no es comparable a nada. Aunque he de confesar que es un momento que me da mucha vergüenza, porque vuelvo a ser yo y el personaje desaparece. Es una auténtica inyección de vitamina.

Al cerrarse el telón siempre nos abrazamos y nos decimos unos a otros lo bien que lo hemos hecho. Y la satisfacción es tan grande que los nervios, el esfuerzo y el cansancio siempre merecen la pena.

Evina Estévez caracterizada de Puck
Evina Estévez

Actriz grupo de Teatro Muxicas
Puck en “Sueño de una noche de verano”

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