Belén Ortega
Maestra ONCE D.T. Valladolid
Partekatu :
Suena el reloj, otro día más, y pienso: “qué suerte despertarse cada día e ir con ilusión a trabajar...”. Cada jornada es diferente, ya que los maestros de la ONCE vamos itinerando por los centros educativos donde se encuentran escolarizados los alumnos/as y, por lo tanto, nuestro trabajo varía en función de las necesidades de cada niño/a.
Cada mañana, nada más llegar a la ONCE, reviso mi agenda y compruebo los materiales que tengo que llevar al colegio donde voy a acudir esa jornada, como, por ejemplo: mapas o maquetas en relieve, apuntes en Braille, materiales para potenciar el resto visual etc. Una vez tengo todo preparado, lo monto en mi coche, un poquito de música y empieza el día.
En Medina del Campo me está esperando Lucía, una alumna ciega que está cursando 1º de la ESO. Según el día de la semana, trabajamos diferentes contenidos; aprendemos los nuevos símbolos matemáticos en Braille, exploramos y estudiamos con las manos el mapa que esté dando en ese momento, y además, trabajamos con el ordenador para ser cada día más autónomas, así como la orientación y movilidad por el instituto. Y, por supuesto, en el recreo cogemos fuerzas. Una vez finalizada la jornada, vuelvo a la ONCE con nuevas tareas, apuntes o exámenes que transcribir a Braille.
Aunque el contacto con el profesorado que imparte clase a mis alumnos es continuo, siempre me gusta aprovechar el cara a cara los días que estoy en los centros para orientarlos y asesorarlos sobre cómo trabajar con ellos, afrontamos los nuevos retos que van apareciendo en el día a día, y así, poder solventar conjuntamente las dudas que van surgiendo. La atención de las necesidades del alumnado es una labor de todo su entorno; para que la maquinaria funcione es fundamental implicarnos y poner nuestros conocimientos a su disposición, así se conseguirán grandes retos.
Y... casi sin darme cuenta... ¡Ya estamos en el segundo trimestre, el curso va que vuela! Cada día llego a casa con un aprendizaje nuevo, mis alumnos también me enseñan, es un trabajo mutuo. Durante el curso, mi mochila personal se va llenando de experiencias muy enriquecedoras y claramente, la mochila tiene que seguir llenándose.
También hay hueco para momentos divertidos… como me sucedió con un antiguo alumno de los más pequeños, le sorprendió mi larga melena y no quería dejar de acariciarla con su mano; o cuando, vísperas de Navidad, una alumna estaba muy emocionada diciendo a sus compañeros de clase que iba a tener la oportunidad de ir a una fiesta “privada” con Papá Noel en la ONCE y claro... sus amigos también querían venir.
Puedo decir que mi labor docente con este alumnado me parece muy gratificante y fructífera. Pasito a pasito vamos avanzando. Me siento muy afortunada de poder disfrutar realizando mi trabajo.
Maestra ONCE D.T. Valladolid